Vamos a incorporar a un nuevo escritor a nuestro Parque de las Letras, se trata de Alfonso Daniel Rodríguez Castelao, uno de los escritores e intelectuales más importantes de las letras gallegas y que es merecedor de formar parte de esta Parque.
Escritor y caricaturista que retrató la vida de la gente común, denunciando las injusticias sociales. Entre sus obras más importantes destacamos: Un ollo de vidro, Cosas, Sempre en Galiza o As cruces de pedra na Galiza. Pero también escribió teatro: Os vellos non deben de namorarse.
Estamos ante un intelectual muy involucrado en el movimiento galleguista de principios del siglo XX, siendo diputado en las Cortes durante la Segunda República por el Partido Galleguista. Tras la guerra civil se exilió a Buenos Aires y formó parte del gobierno republicano en el exilio.
Por todo esto se merece una estatua en nuestro Parque de las Letras al lado del escritor Sonallah Ibrahim, escritor árabe que seguro que sabía quien era este gran intelectual
Sin decir nada, me senté a dibujar lo que contemplan mis ojos de tierra, y solamente al cabo de algún tiempo conseguí acostumbrarme al drama que presenciaba y aun olvidarlo un poco, para poder trabajar, entusiasmado, como un artista. Y cuando el dibujo estaba ya en su punto, la voz de Melchor, agrandada por tanto silencio, me hirió con estas palabras:
-Por el alma de sus difuntos, no me lo retrate así. ¡No le ponga esa cara tan cadavérica y tan triste!
Confieso que al volver a la realidad no supe qué hacer y me puse a repasar las líneas ya trazadas del retrato. El silencio fue roto nuevamente por Melchor:
-Usted bien sabe cómo era mi niño. Haga memoria, señor, y dibújemelo riendo.
De repente surgió en mí una gran idea. Rompí el trabajo, concentré mi mirada en un nuevo papel blanco y dibujé un niño imaginario. Inventé un niño muy bonito, muy bonito: un ángel de retablo barroco sonriendo.
Entregué el dibujo y salí huyendo, y, en el momento de poner el pie en la calle, oí que lloraban dentro de la casa. La muerte había llegado.
Ahora Melchor se consuela mirando mi obra, que está colgada encima de la cómoda, y siempre dice con la mejor fe del mundo:
-He tenido muchos hijos, pero el más bonito de todos fue el que se me murió. Ahí está el retrato, que no miente. "

